Templo de Santa María Tonantzintla

Antes de la llegada de los españoles en este lugar se encontraba un teocali, estaba dedicado a Tonantzin, “nuestra madrecita”, deidad protectora ligada al maíz. Luego de la Conquista, el culto a esta diosa encontró una continuidad en la veneración a la Virgen María. Aunque el celo español hizo construir en honor a esta virgen el templo que nos ocupa, los indígenas que modelaron las yeserías no se olvidaron por completo de Tonantzin ni de su propio universo, aludiendo a ellos en una iconografía mexicanista, compuesta por ángeles morenos, niños con penachos de plumas, frutos tropicales (mango, chile, coco, plátano, etcétera) y, sobre todo, vigorosas mazorcas de maíz.


Lo más atractivo del templo de Santa María Tonantzintla es la decoración de estucos policromados que tapizan sus interiores y que la hacen única en su género.


Existen cuatro etapas en la construcción del templo que abarca del siglo XVII al XX. Inicialmente se llevó a cabo la edificación de la estructura arquitectónica que sería la base de la iglesia actual, muy semejante a la arquitectura del barrio de San Pedro, fechada en 1685. Según Rojas “la iglesia era una pequeña nave rectangular con una fachada muy sencilla, formada por un vano de medio punto para la puerta, con dos nichos a los lados”.


La segunda etapa de construcción abarca de finales del siglo XVII a principios de XVIII y fue la de mayor actividad, durante esta época se erigieron la torre, la cúpula y los brazos del crucero, la sacristía, el retablo principal y las labores de estuco del ábside y del crucero.

Para la tercera fase -la más importante y que comprende la mayor parte del siglo XVIII- se amplió la nave ocasionando que la torre quedara dentro de ésta, lo que trajo como consecuencia la construcción de una nueva fachada, así como el modelado de los estucos que faltaban en los brazos del crucero, la nave y el coro.


En la cuarta y última etapa -abarca los siglos XIX y XX- se ejecutaron los detalles finales al conjunto que conocemos en la actualidad. Durante ésta se realizaron los dos retablos neoclásicos de la nave y un cimborrio neogótico, para cuya colocación se destruyó la parte central del retablo mayor y también se arregló la bóveda del coro el 12 de diciembre de 1897. Durante el siglo XX se policromaron los estucos de nave, se le quitó el tornavoz al púlpito y se colocó el retablo nuevo del calvario. Sobre el muro del crucero sur y el cancel neobarroco que cubre la puerta de entrada. También se cambiaron el enladrillado de la cúpula por azulejos amarillos y el piso de tablones de madera por el de mosaico. Finalmente, se colocó el actual tabernáculo para la virgen.


El decorado del interior del templo corresponde al estilo barroco indígena o barroco novohispano, consistente de una exuberante decoración con motivos indígenas, tales como ángeles con penachos de plumas, con guirnaldas de flores, con atuendos de caballero águila y con rasgos indígenas, frutas y plantas. Todo esto muestra una mezcla entre el mundo prehispánico y el mundo cristiano.

 

 

 

 

 

 

 

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